Sindeclaraciones

Sindeclaraciones

Mira, quería pasar de ello y ni mentarlo, por aquello de que el mejor desprecio es no hacer aprecio, pero es que a veces las LEER MAS >>>cosas vienen tan a huevo que… En fin: a la Sinde le han hecho una entrevista (yo diría que más bien un amoroso y relajante cepillado, pero bueno), la primera desde que las elecciones generales la pusieron de patitas en la calle, no excesivamente pronto.

Y entre otras tonterías de diversa magnitud, ha soltado las siguientes (las cito porque nos afectan, ya veréis):

Pregunta el plumilla: ¿Recibe usted algún tipo de presión internacional? ¿Quizá por parte del gobierno estadounidense o de los lobbies asociados a las grandes distribuidoras de contenidos norteamericanas?

Y responde ella: El lobby más grande aquí es el de los supuestos internautas, que se arrogan ese derecho. De hecho, ese es el lobby que consigue cambiar la naturaleza de la ley y detener su desarrollo. Así que no hay lobby más potente que Víctor Domingo. Por lo que le felicito, además.

El mediático interrogador se instituye en mozo de estoques y le echa una mano: La asociación que preside en ese momento Víctor Domingo, la Asociación de Internautas, apenas tiene 1000 socios. ¿Cómo puede una asociación con tan escasa representatividad echarle un pulso al Gobierno y ganarlo?

Y ella, uyyyyy, ataca: Lo que quiero decir es que quien hace ruido y se expresa en la red o en las redes sociales tiene una enorme influencia sobre las decisiones de los políticos. Más influencia que lo que se debate en otros espacios de nuestra sociedad igual de legítimamente conformados. Y, desde luego, el señor Domingo y su asociación saben cómo hacerse eco en la red y de rebote en los medios de comunicación. Que, como los políticos, también están obsesionados con Internet para ver si así sobreviven al enorme tsunami digital que tienen encima. Por supuesto, los políticos a su vez viven pendientes de los medios, con lo que el efecto se multiplica.

Y machaca el otro: Aún y así, sorprende su capacidad de influencia

Y atentos, que ahora viene lo bueno. Obsérvese lo que dice la dama sin [aparentemente] despeinarse: Tienen mucha más importancia en este asunto Víctor Domingo y otros como él que Obama. En realidad, estar o no en la tan cacareada lista 301 del gobierno americano no era muy preocupante, pues durante años no se hizo nada para salir de ella. O sea que todo eso de los lobbies es un gran mito. Se tienen muchas reuniones diplomáticas como las que yo misma he tenido con el ministro francés de cultura, Frédéric Mitterrand, que estaba completamente volcado en el tema desde su nombramiento. A él lo nombran más o menos cuando a mí y proviene también de la cultura, así que llegamos a desarrollar una amistad porque él en Europa movía muchísimo estos temas. Con él he tenido muchas reuniones en Madrid, en París, en Avignon, en Bruselas y en Budapest. Sin embargo, ese mito muy español de que los EE UU son un gran monstruo con tentáculos, esa cosa tan de los años 60, tan de 1968, se impuso y se popularizó porque es muy tentador y muy fácil que cuele la idea de que el gobierno americano maneja todos los hilos. Pero es una idea completamente infantil. Porque si el gobierno americano se hubiera puesto con esto, se habría resuelto el tema hace diez años. Y no han conseguido absolutamente nada. Por lo tanto, los encuentros que tienen los diplomáticos son exactamente iguales que los que tiene nuestro embajador en Washington respecto a los temas que nos importan y por los que viajé muchas veces a esa ciudad. Como el asunto Odissey, por ejemplo, que se tuvo que trabajar en todos los frentes con secretarios de Estado, congresistas y senadores defendiendo nuestros intereses. Lo digo como un ejemplo de para qué sirve la diplomacia y cuál es el trabajo cotidiano de un embajador. (el resaltado en negrita de parte de la respuesta, es mío)

Bueno, vamos por partes y por orden, como a mí me gusta.

Primero y principal: el día que yo sea obispo y me hagan una entrevista así, palabra que le regalo al periodista una estampita (además de montones de bendiciones y de indulgencias plenarias). Es que así da gusto, hombre…

Segundo… El lobby más grande aquí ha sido el de los supuestos internautas. Vamos a ver: ya lo intentamos y trabajamos denodadamente para ello. Aquí mismo se pueden ver alusiones a los lobbyes cívicos tropecientas veces por año. Y, bueno, un poco de lobby sí que hemos conseguido ser, pero, claro, en un mundo lleno de $GAEs, de PROMUSICAEs, de distribuidoras norteamericanas y de otras muchísimas hierbas de grueso calibre, decir que constituimos el lobby más grande, es una patochada que no cabe en un circo de tres pistas. Otra cosa: ¿qué es eso de supuestos internautas? Perdone, pero de supuestos nada. La palabra «internautas» la inventamos nosotros en una tarde de brainstorming cuando la Plataforma Tarifa Plana decidió agruparse en una sola asociación estable. Allí salieron un montón de nombres y palabros diversos, la mayoría de ellos inventados, en plan neologismo tecno. Por tanto, no sólo no somos supuestos y sí más que claros, sino que nuestra denominación es tan apropiada como nuestra. Si alguien puede decir quién es internauta supuesto, internauta fetén, internauta homologado, internauta genuino o internauta ful de Estambul, somos nosotros. Y no lo hacemos, por supuesto. Al contrario, nos hace gracia y nos halaga que nuestro nombre propio haya pasado a ser un genérico e incluso hemos intentado que la RAE lo reconociera (fracasando en el intento: para ser un lobby tan potente… mecachis…) y, sin haberlo intentado mucho, sí que, en cambio, el Institut d’Estudis Catalans lo ha incluido en el diccionario normativo de mi lengua. Así que no confunda el efecto con la causa y nosotros, a cambio, intentaremos no confundir, cuando pensemos en usted, la ignorancia con la mala fe.

Tercero… Los supuestos internautas en cuestión nos arrogamos no sé qué derecho. Eso: ¿qué derecho? ¿El de presionar? Perdone, yo -y como yo, todos los demás- soy ciudadano español, tengo DNI y todo (aunque, como es el dichoso DNI-e, no funciona muy bien, pero ahí está) y no me arrogo derecho alguno, simplemente ejerzo -perfectamente dentro de la ley- los que la Constitución me otorga, particularmente los de reunión, asociación, expresión y manifestación pacífica y sin armas. Y bien, si eso es una presión (que sí, que lo es ¿qué pasa?), se aguanta usted y se da cremita, que para eso, con harta contrariedad por nuestra parte, le han regalado a usted un sueldazo con el dinero de nuestros impuestos durante [me parece que son] tres largos e inacabables años.

Luego viene el otro a decir que si somos apenas 1.000 y dice no sé qué de poca representatividad. No voy a entrar en esa estúpida guerra de cifras, simplemente, haré una pregunta: si fuéramos 47.000, es decir una escasa milésima parte de la población española… ¿sí seríamos representativos? ¿Qué cifra otorga representatividad según el osado entrevistador? Bueno, yo diré una cosa que he dicho ya otras veces -y en diversos foros o medios- cuando ha salido este tema: cuando la Asociación de Internautas -unas veces sola, otras veces en compañía de otros- ha lanzado una campaña a la que se han adherido centenares de miles de españoles ¿no es representativa? ¿Y usted sí? En otro lugar habla usted de las urnas: ¿sería tan amable de decirnos quién narices la votó a usted? ¿Cuál es su representatividad, señora? Dígame: el apagón de montones de páginas web que le reventó su invento el domingo aquel y que puso Internet como una hoguera de San Juan ¿lo hicimos solitos los 1.000 presuntos y exiguos miembros de la Asociación de Internautas?

Pero la cosa sigue, no te lo pierdas: somos cuatro y el cabo, pero constituimos un lobby poderosísimo porque manejamos la red como nadie. Bueno, sí que manejamos la red bastante bien, no en vano somos supuestos internautas pero, oiga: ¿nosotros solos, los mil? ¿Sólo nosotros mil conseguimos -dicho en sus propias palabras- «cambiar la naturaleza de la ley y detener su desarrollo»? Pues usted verá, pero eso no dice mucho de su valía política ni de la de quienes la pusieron ahí a hacer el ridículo. Pero a eso volveremos después.

Ahora, lo de decir que Víctor Domingo et alter tiene mucha (no una poca, no: mucha) más importancia que Obama es para nota, oiga… Ya sé que el entrevistador era un señor (o señora) evidentemente receptivo, pero me da a mí que usted se ha subido a la parra sin contar con que, pese a tan evidentes simpatías, lo que usted dijera iba a ver la luz pública. Mire, yo ahora tendría grandes tentaciones de preguntarle por lo que se ha fumado y otros sarcasmos similares, pero vamos a ser serios: ¿usted cree de verdad que en unas declaraciones como ex-ministra -o sea que no son oficiales, pero tienen un indudable valor político- puede decirse algo así? Se retrata usted, señora mía, de pies a cabeza y el retrato, créame, no sale nada fino, no… Claro, dicho esto, empieza usted a explayarse sobre prácticas normales en el mundo de la diplomacia, insinuando que nosotros no sabemos nada de esto (y es posiblemente verdad, en lo que a mí respecta, al menos) y la cosa queda como descolorida. O sea que el embajador norteamericano la llama a usted al orden y usted pergeña una disposición adicional a una ley que va de otra cosa porque, total, es una práctica diplomática normal. Je, je, je, en la próxima asamblea de la AI voy a poner a parir a Víctor Domingo acusándole de incompetente: con lo potentes que somos, caramba, que pesamos más que Obama (y eso que somos sólo 1.000: ¡la que hubiéramos liado si llegamos a ser 100.000!) y ni siquiera intentó conseguir que el embajador de Burkina Faso se ciscara en su ley de usted… como una práctica diplomática normal que contrarrestara la práctica diplomática normal del embajador norteamericano. No le tengo el menor aprecio, señora mía, pero verla cubrirse así de ridículo, me da como penita.

Porque, por lo demás, ha puesto de manifiesto, como una bandera al viento, que como política es usted de un negligente tal que el triste y cutre Zapatero no pudo elegir peor ni queriendo. Porque fíjese que, después de decir por activa y por pasiva que Víctor Domingo y sus mil desharrapados constituimos un poder superior incluso al de Obama, reconoce que tuvo usted una conversación con cualificados -no con supuestos, ojo al dato- internautas, con gente de peso en la Red (cosa que es notoria, como también lo es que el encuentro fue un fiasco porque usted se comportó bastante groseramente, no dignándose sino asomar brevemente la nariz) pero jamás se dignó tener una conversación con un hombre que es más importante (usted dixit) que el mismísimo presidente de los Estados Unidos. Y eso que ese hombre tan importante se desgañitó pidiendo negociar con su ministerio diversos y muy importantes asuntos relacionados con la Red, obteniendo únicamente la callada por respuesta.

¿Va comprendiendo usted las virtudes de un discreto y elegante silencio?

Mire usted, este mediodía -muerto de risa, para qué le voy a decir una cosa por otra-, he participado a un amigo mío de sus jugosas declaraciones. Él, hombre ecléctico (y ajeno, por cierto, al todopoderoso lobby internauta), ha intentado no reirse, pese a que en alguna de sus más sonadas pasotadas no ha podido evitarlo y me ha pedido comprensión para usted: «Piensa -me ha dicho- que es una señora que está profundamente resentida, y eso es muy humano».

He pensado. He meditado. Lo he estado barruntando un rato: es verdad, hemos sido extremadamente agresivos con usted, incluso en algún caso hemos podido llegar a ser crueles. Con toda justicia, permítame que se lo diga, porque el liberticidio que nos ha endilgado usted justifica sobradamente la aplicación intensiva de todo el diccionario, y usted ya me entiende. Pero, bueno, ya se dice que a enemigo que huye, puente de plata: de usted ya no decíamos nada, la habíamos… no olvidado, porque, claro, cada vez que sale algo relacionado con la dichosa disposición adicional segunda, nos acordamos mucho de usted. No puede imaginar hasta qué punto. Pero, bueno, todo se queda en la evocación del recuerdo, tanto más en cuanto que para estar entretenidos ya tenemos a su sucesor, el señor este, Wert, que no nos da mucho trabajo porque nosotros hemos llegado los últimos a la cola: delante nuestro están todos los maestros del país, todos los rectores de universidad… ¡buf! Como usted nos dio mucho trabajo, vamos a descansar un tiempecito, mientras dejamos que los docentes de este país le aliñen una buena faena al ministro, y así nosotros podemos dedicarnos a otros menesteres en otros aspectos en lucha con el Gobierno (privacidad, libertades en Red…) y con las telecos, otras que tal bailan (con Telefónica no, por eso, que ya se sabe que es la que nos paga el sueldo cada mes).

Quedamos, señora ex-ministra, a sus pies. Pero como suele decir Víctor Domingo, le rogamos encarecidamente que, por favor, no chute. Es peor.

Fuente: http://bit.ly/LAs3N1

Bear
A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas